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La ciudad de Chihuahua se ubica en el oeste del Desierto de Chihuahua, un ecosistema de más de 362 mil kilómetros cuadrados. Este, el desierto más grande de norteamérica, ocupa territorios de los estados norteamericanos de Arizona, Nuevo México y Texas y de los mexicanos de Chihuahua, Durango y Coahuila. Si bien el Desierto de Chihuahua tiene superficies con una altura de 300 metros sobre el nivel del mar, la mayor parte de sus terrenos se sitúan arriba de los mil metros de altura. Con fríos crudos en invierno y calores abrasadores en verano, el Desierto de Chihuahua recibe, en promedio, menos de 25 centímetros de lluvias al año, concentrados en los meses de verano.
El Desierto de Chihuahua posee una importante población de arbustos y alberga al 25% de las especies existentes de cactáceas del mundo. De hecho, el Desierto de Chihuahua es el desierto con la mayor biodiversidad del mundo. Sin embargo, lo más extraordinario de este gran ecosistema es la cantidad de especies endémicas que se pueden encontrar en él. Se habla de endemismo cuando una especie animal o vegetal se encuentra distribuida de manera exclusiva en un área concreta. Generalmente, las especies endémicas se encuentran en peligro de extinción, ya sea por la invasión de territorio relacionado con actividades humanas o a la introducción de especies externas en el territorio.
En el Desierto de Chihuahua han sido registradas al menos 100 especies endémicas de plantas, un número sobresaliente para los desiertos. El endemismo de plantas es especialmente alto en la subregión de Cuatrociénegas, un bolsón en la parte central del estado de Coahuila. Nada más en la región de Cuatrociénegas han sido contadas 40 especies endémicas de arbustos y 10 de árboles. Esta inusual presencia de especies endémicas puede deberse a las complejas condiciones del suelo y al microclima de la región, así como a la estabilidad que se ha mantenido en la zona durante largos periodos de tiempos y al aislamiento del bolsón.
Los manantiales del Desierto de Chihuahua juegan, naturalmente, un rol vital en el desarrollo de las especies tanto animales como de plantas de este ecosistema. Estos manantiales son además el hogar de otro importante número de especies endémicas. La presencia de especies endémicas en los manantiales puede explicarse por el aislamiento en que permanecen estos microecosistemas, forzando a las especies a evolucionar para adaptarse a las condiciones únicas de su entorno. La mayor parte de las especies endémicas de los manantiales del Desierto de Chihuahua son cachorritos (tipo pequeño de pez) del género Cyprinodon y peces incubadores del género Gambusia. Otros casos sorprendentes son los cachorritos y los peces incubadores endémicos de un manantial de San Diego de Alcalá, al este de la ciudad de Chihuahua, el cual es de aguas termales y en el que estas especies sobreviven en temperaturas de hasta 44° Celsius, lo cual representa la máxima temperatura en la que habite cualquier especie de pez de agua dulce en el mundo.
Sin embargo, la sobreexplotación de mantos acuíferos, tanto de manera legal como ilegal, causa estragos en los pequeños medios ambientes como estos, ideales para el desarrollo de especies endémicas. Al perderse estos espacios, se pierden con ellos aquellas especies que sólo en ellos habitan. Tal es el caso de Sandía, una pequeña región en Coahuila, cerca de los límites con Chihuahua y en cuyo manantial y pequeña laguna habitaron alguna vez cuatro especies endémicas de peces y tres de crustáceos y que hoy, debido a la extracción de agua, han desaparecido.
Otra zona con una biodiversidad sorprendente es el Bolsón de Mapimí, un área de 13,261 kilómetros cuadrados que abarca un territorio entre los estados de Coahuila, Chihuahua y Durango. Las tierras que conforman el Bolsón de Mapimí son 70% ejidales y 30% propiedad privada y en este complejo terreno se puede encontrar una amplia variedad de arbustos, árboles, pastos e incluso bosques mixtos de coníferas. En el Bolsón de Mapimí se han registrado más de 35 especies de reptiles, 25 de mamíferos y 220 de aves, pero el área sobresale por el alto número de especies endémicas, entre las que se incluyen una tarántula y un ciempiés. También habitan de manera exclusiva en esta zona la llamada tortuga del bolsón (Gopherus flavomarginatus) y el lagarto de la arena (Uma paraphygas). Finalmente, de las 350 especies de plantas que ocurren en el Bolsón de Mapimí, al menos tres son endémicas.
Al noroeste del estado de Chihuahua, en la cuenca Guzmán, cerca de Nuevo Casas Grandes, existen también algunas especies endémicas. En Ojo Apache, manantial de esta cuenca, se encuentra una especie de crustáceo del orden de los isópodos y el Río Santa María es hábitat para una especie de cachorrito que aún no ha terminado de ser descrito.
Como puede verse, los desiertos no son sinónimos de desolación, sino que son ecosistemas en que la vida ha florecido en condiciones extremas. La biodiversidad del Desierto de Chihuahua debe ser un orgullo para todos los que habitamos en él, orgullo que debe acompañarse de la responsabilidad que tenemos de salvaguardar la riqueza de nuestro entorno para generaciones futuras.